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Informe especial
Cerrito, Domingo, 05 de junio de 2011 ((19:54 hs.))
La Picada: el despertar de un pueblo
Lo negativo siempre trae consigo algo positivo. En el último tiempo La Picada comenzó a ser nombrada por los medios, a raíz de la posible instalación de un polo industrial y del traslado de la empresa láctea Cooperativa Tambera de Paraná (Cotapa) a un terreno lindero con el Parque Escolar Rural Enrique Berduc. El eco de las diferentes versiones fue cobrando voz y aunque el conflicto aún no se resolvió, en su recorrido sembró preguntas, pero también certezas. “Qué desarrollo queremos”, fue el interrogante principal y la respuesta no se hizo esperar, “un desarrollo sustentable que respete la biodiversidad y la identidad del pueblo”.

Con la consigna en marcha, un grupo de vecinos autoconvocados decidió despertar, mirarse y encontrarse. El resultado es la feria que realizarán el domingo 5, Día Mundial del Ambiente, donde expondrán diferentes producciones que tienen que ver con aquel “otro” camino. Ese que hoy decidieron tomar, y que tiene que ver con “otra” forma de producir, de convivir y de pensar la relación del hombre con la naturaleza.

La identidad de un pueblo se reconstruye a cada paso. Cuando se habla de La Picada es imposible no pensar en “El Berduc”, como todos lo conocen, en el arroyo, en la escuela Almafuerte, en “Lo Romerito”, y en esa infinidad de naturaleza viva. Porque a medida que uno va entrando en sus terrenos la vista nos devuelve eso, la naturaleza en su máximo esplendor.

De ahí que proyectar un polo industrial, con el traslado de Cotapa como idea principal, haya sido fuertemente rechazado por la mayoría de sus vecinos. Cómo pensar que al lado de un área natural protegida, se pueda instalar una fábrica de leche.

Para Laura Follonier, una de las vecinas autoconvocadas la noticia fue impactante. “Llegamos a La Picada, hace poco tiempo. Elegimos ese lugar por lo bonito que es, por su naturaleza, su arroyo, por tener la reserva al lado, por la tranquilidad. Por todo eso es que estamos ahí y nos encontramos con que se iba a instalar una fábrica en frente de donde íbamos a vivir. Fue muy fuerte”, recordó.

Si bien la noticia que trascendió fue algo negativo para los habitantes. Los procesos que se generaron tendieron hilos hacía lo positivo. “Como al principio, eran muchas versiones, hubo que empezar a juntarse, encontrarse para ver qué podíamos hacer. Primero que era lo que sabíamos sobre el posible proyecto y luego que hacíamos”.

De esta manera, del murmullo sobre la posible construcción de un parque industrial, los vecinos tomaron la palabra, alzaron su voz y comenzaron a pensar un desarrollo diferente. De ahí surgió la idea de realizar una feria en la plaza Pueblos Originarios este domingo. El fin es, no sólo demostrar las diferentes producciones que conviven en el pueblo, sino demostrar que lo que ellos plantean no es imposible.

“Empezamos a ver que cosas había en La Picada, y observamos que había muchos emprendimientos, desde artesanos hasta productores locales. Y así se nos ocurrió emprender una feria, que nos permita encontrarnos a quienes todavía no lo hicimos, que de lugar a mostrar lo que se produce y luego ver cómo seguimos en función de eso”, explicó Laura.

Confluir en un espacio común, donde las personas puedan reencontrarse y conocerse, sin dudas es una de las mejores formas que los vecinos hallaron, para crear y luchar por lo que ellos creen que se debería respetar, la impronta de un espacio en que la naturaleza no es un medio, sino un fin en sí misma.

Despertares

Si bien el tema Cotapa, es una preocupación constante de los habitantes de La Picada, las versiones del traslado hicieron despertar la conciencia crítica sobre la identidad del pueblo que quieren construir. En ese sentido también sienten que sólo es uno más de los obstáculos que vendrán con el tiempo.

“El traslado de Cotapa es un tema, entre los tantos que se van a venir”, reflexiona Martín Martínez, otro de los vecinos autoconvocados. Para él hay que “reconocer que La Picada esta al borde de una ciudad relativamente importante como Paraná que va a crecer, en todo sentido: cantidad de habitantes, empleo, industrias, y los motivos de preocupación van a surgir todos los días”.

De esta manera recapacitó: “La cuestión no es oponerse al desarrollo, ni a la creación de puestos de trabajo, sino que el tema es cómo lo queremos hacer. Hoy se lo esta queriendo hacer como se ha hecho todo hasta ahora, como se lo viene haciendo en todo el mundo. Es la forma capitalista de ignorar la naturaleza y a las personas con el solo objetivo de crecer y maximizar el beneficio”.

Asimismo reconoció que “esto es recién el comienzo de una lucha que va a ser bastante larga, porque creo que mientras todos los que tiene el poder de decisión sigan con esa mentalidad y con los mismo conceptos de lo que es el desarrollo y que es el progreso vamos a tener el mismo problema”.

En ese mismo sentido, Laura subrayó que “en principio lo que nos movilizó tuvo que ver con los trascendidos de la Cotapa. Así nos hizo empezar a pensar qué desarrollo queremos, qué pueblo queremos y cómo queremos que sea la identidad de esta comunidad. Por eso más adelante, vamos a presentar un proyecto donde se considere la opinión de los que vivimos aquí y no que venga desde arriba”.

Otra forma de producir

Martín y su mujer Rita hace más de veinte años que tienen un terreno en La Picada, si bien por sus trabajos ambos viven en Buenos Aires, hoy no tienen dudas de cual será su lugar en el mundo, y tampoco dudan de que harán allí.

“Siempre fue una idea romántica, pero ahora las cosas cambiaron, porque ya empezamos a organizarnos en la concreción de la granja agro ecológica”, contó Martín entusiasmado.

Si se le pregunta por qué decidió hacer esto, enseguida responde “por una cuestión de conciencia política y social”. Martín es claro en sus pensamientos y no vacila en exponerlos.

“Los principios de la agro ecología parten de la base de que uno intenta estudiar, analizar y profundizar en lo que son los procesos biológicos propios del lugar, y sobre esa base intentar lograr una producción agrícola o ganadera pero con el mayor respeto hacia esos procesos. Es decir, interfiriendo lo menos posible”, aclaró y continuó “una de las condiciones de la naturaleza es la biodiversidad. En ningún lugar vas a encontrar una hilera de árboles de la misma especie, o una hectárea de una sola planta. Porque de la biodiversidad, de ese conjunto de animales y vegetales que se complementan y que se apoyan mutuamente y que también se atacan, surge un equilibrio que hace que todo eso prospere”.

Otro de los principios claves de la agro ecología es la no utilización de productos químicos. “En la medida en que se hace monocultivo, el equilibrio natural se rompe. De ahí, que la única forma de combatir las plagas sea con agrotóxicos, con veneno”, acentúo Martínez.

Si bien la granja es el proyecto a concretar, en La Picada existen numerosos emprendimientos de este tipo. “Nosotros somos una cooperativa de trabajo y estamos produciendo miel orgánica. Para que el producto sea orgánico hay todo un protocolo que seguir y tiene como requisito básico la ubicación de la miel. No puede estar rodeada de campos de agricultura porque de esa forma la abeja podría tomar el néctar de esas plantas, que podían ser transgenicas o tener agroquímicos”, cuenta Follonier una de las integrantes de la cooperativa apícola.

Debido a las condiciones de producción, “los apiarios orgánicos los tenemos en Federal y en La Picada realizamos todo el proceso restante que tiene que ver con la extracción, fracción y elaboración de los productos”, relató Laura.

Otro de los productos que se destacan a nivel local, es la stevia. “También se la llama hierva dulce. Básicamente es una hoja muy dulce que se usa como edulcorante natural y también es regulador del páncreas”, describió Follonier.

De esta manera, tanto Rita, como Laura, Martín y el resto de los vecinos de La Picada se embarcaron en la difícil tarea de ejercer uno de los derecho en boga, que aún pocos reconocen y que tiene que ver con el derecho de los pueblos a ejercer su soberanía alimentaria, ese derecho que hace que las comunidades, en sus condiciones únicas planifiquen ellos mismos qué, cómo y cuánto producir.

Por Daiana Pérez de ANALISIS DIGITAL


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